La depresión es un trastorno del ánimo y de los sentimientos que se caracteriza por la pérdida de interés y disfrute de las actividades habituales, alteraciones del apetito, por exceso o defecto, insomnio o sueño excesivo, nerviosismo o falta de gana, sentimiento de inutilidad y de culpa excesiva, menor capacidad para pensar y concentrarse en ideas repetidas de muerte.
La depresión infantil no es tan diferente a la que se manifiesta en las personas en edad adulta. Es una situación afectiva de tristeza con intensidad y duración mayor de lo que cabría esperar en un niño(a), un estado de ánimo, una alteración del estado emocional, caracterizado por la tristeza, el decaimiento, la apatía. El infante tiene pensamientos y sentimientos negativos, poca energía, dificultad para disfrutar de las pequeñas y grandes cosas que nos da la vida.
Hoy en día se han dilucidado diversos casos de depresión en nuestros niños, en las aulas de clases podemos ver que influyen diversos factores, tales como separación de los padres, bullying, maltrato infantil, etc. Éstas se pueden observar en los alumnos y se reflejan en conductas tales como: desinterés por estudiar, hacer amigos, conductas inadecuadas e irritables, mal rendimiento escolar etc.
La depresión infantil va de la mano con la autoestima de nuestros alumnos. [1]“Cuando el autoestima es alta, el niño esta motivado a mejorar. Sin embargo, si esta depende del éxito, los niños pueden considerar que las fallas o las criticas son una recriminación a su valor y pueden sentirse incapaces de hacer algo mejor”. La falta de autoestima en el niño es una de las principales conductas que lleva a una inminente depresión en nuestros estudiantes.
Muchos autores han relacionado la depresión infantil con el rendimiento escolar, en varias oportunidades considerándola como causa y otras como efecto de la depresión. De hecho un niño deprimido puede descender su ejecución en la escuela, pero también puede comenzar sus síntomas depresivos por un fracaso académico. De allí radica la importancia de una buena evaluación y seguimiento por parte del maestro para detectar estos cambios en el alumno.
En la actualidad los alumnos no nos piden de manera concreta la ayuda que necesitan, pero es tarea de la familia y escuela brindar el apoyo y el cariño necesario para superar esta patología que se presenta en los alumnos, ya que para superar esta etapa en la niñez se necesita el amor especialmente de los padres. Nosotros como educadores debemos estar atentos a los cambios de conductas, que son un llamado de atención de parte de nuestros niños.
Romina Godoy
[1] Papalia D., Desarrollo Humano, pág 285, octava edición.







